Covid-19, la peste de los eventos

¿Por qué asistimos a un evento?

Las palabras son inertes. Ondas que viajan por el aire, estrellándose y rebotando contra todo, invisibles y sin significado alguno. Pero antes de viajar por el aire, mientras se gestan en nuestro cerebro, son todo lo contrario. Están llenas de significado, de historia, cada una puede tener detrás toda una novela, una familia, una infancia, las creamos algunas veces desde el intelecto al contestar una pregunta técnica o desde el estómago cuando reaccionamos a alguna situación, persona o idea que nos impacta.

Así que ¿Cómo podríamos asegurar que cuando estas palabras alcancen al interlocutor, se les dará el mismo significado que cuando nacieron?, ¿Cómo podría ser posible si la otra persona no vivió nuestra vida? El ser entendidos al compartir algo, es la gran apuesta que todos queremos ganar.

Pero existe un lugar y momento en el que es altamente probable que ganemos esta apuesta: Un evento

Sea un foro, feria, expo, concierto, congreso, sabemos que en ese evento todos los asistentes tienen algo en común con nosotros, porque se enteraron por alguno de los medios por el que nosotros nos enteramos, gustan del mismo contenido, persiguen saber y compartir lo mismo, y aún en silencio en medio del evento nos sentimos acompañados, ganando la apuesta a cada minuto.

Hoy, la pandemia global de Covid le ha robado al mundo, momentáneamente, este lugar. Y lo ha hecho sin pasión, sin ser una vendetta, sin calcularlo ni planearlo, solamente siendo quien es, un virus cumpliendo su naturaleza, y es justamente eso lo que nos hace temerle, pues no podemos ni siquiera odiarle ya que no nos contesta, no tiene motivos, solo “es”.

Y ante tal suceso, ante tal inamovible e implacable enemigo, ¿Qué podemos hacer?, ¿Con qué nos podemos defender?, técnicamente, solo con algo más poderoso y aún más insensible, el rey último de toda la existencia en términos de frialdad: El tiempo. Que sea Él quien lo derrote, que lo desgaste, que lo deje fluir, que lo pierda en su infinidad y lo convierta en un recuerdo. 
Y mientras tanto, desde nuestra diminuta existencia observando la batalla de esos dos titanes en nuestro plano solo queda una cosa que hacer, haciendo uso de nuestros artefactos, nuestro ingenio y nuestra tecnología: Seguir apostando. Sigamos lanzando palabras con historia por los aires, ahora conducidos entre ciudades, países y continentes con los satélites que nosotros pusimos ahí arriba, donde el Covid no puede entrar, buscando ese eco que tantas veces encontramos en un evento: El ser comprendidos.

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